ODIO A LOS NIÑOS, Y ELLOS ME ODIAN A MÍ
El mundo es una gigantesca bola de mierda... yo lo veo de ese modo.
Y si lo veo de ese modo es porque estoy seguro de una cosa: Dios me odia.
Sí... el hijo de puta me odia.
De otra forma no se puede explicar que me haya puesto en un viaje de ocho horas, desde Buenos Aires hasta Caracas, rodeado de niños.
Lo que es más: niños con madres de esas que no saben controlar a sus hijos (dos de ellas iban solas, y la tercera con su marido, un altote de esos que tienen cara de mongo, que si le aprietas la cabeza sale mierda) .
Aquí coloco una diagramación para que tengáis una idea clara de mi situación en el viaje:
De más está decir, desde luego, que justo el que iba a mi derecha,
encima de que era de esos que huelen mal, era el peor de todos: hacía
un berrinche histérico porque no lo dejaban jugar con el Gameboy, gritaba
porque no lo dejaban sacar la mesa, y armaba un escándalo porque no le
daban otro vaso de Coca Cola.
El único consuelo, era fantasear que lo levantaba del suelo por sus cabellos rulos y le propinaba un puñetazo directo a la mandíbula, enviándolo directo hasta la primera clase, para que le sacaran los huesos y los convirtieran en instrumentos para rascarse la espalda.
¿Qué se tiene que hacer para que prohíban la entrada de niños pequeños al cine, por ejemplo? ¿Qué alguien se canse, se levante, lo cargue en brazos y lo arroje con todas sus fuerzas al piso? ¿Rematarlos a patadas para que se arme un escándalo en la prensa y las madres tengan miedo de sacarlos de casa la próxima vez? Juro por Dios que le estaré enviando a la prisión chocolates, jamones serranos, quesos finos, embutidos varios, cajas de cigarrillos y agasajos al mártir que esté dispuesto a hacerlo.
Debería ser legal poder drogar a un niño con una inyectadora cuando empiece a armar sus berrinches donde otras personas -que no sean sus padres- puedan escucharlos.
Mamá: no hagas que tu hijo acumule mal karma... sé inteligente, mujer, y ciérrale la boca de un golpe en la cabeza.
A los niños escandalosos
habría que pedirles que cierren los ojos, y asomen la puntita de la lengua
entre los labios... para así propinarles un puñetazo sobre el
cráneo y hacer que se cercenen un pedazo de ese órgano que, desde
temprana edad, les permite molestar a los demás.
Ahora, de vuelta al avión que me llevaba a la decadente ciudad desde donde tengo la desgracia de escribir estas líneas... yo no me iba a quedar con esa -no podía- así que me entretuve buena parte del viaje sacándome los mocos sin que la madre me viera, haciéndolo bolitas entre los dedos, y bombardeando al niño.
Recuerda: si algún día llegas a tener hijos, nunca dejes que se salga de control, o crecerá para ser una mierda de persona.